martes, 11 de diciembre de 2007

SI VIENES A MI...




Si vienes a mí, hazlo vestida...
Vestida con tus juicios y prejuicios, con tus dudas y tus miedos.
Vestida con tu noche y el silencio de tus secretos inconfesables.
Vestida con tus celos y tus recelos, con la mirada baja de quien siente el rubor de la vergüenza.
Si vienes a mí, no vengas desnuda... Ni de cuerpo ni de alma.
Llega a mí con la dulce timidez de quien no se atreve a llamar, con la confusa sensación de haberte equivocado de camino, con el pulso acelerado por el temor agridulce a lo desconocido.
Si vienes desnuda, date la vuelta. Vístete primero.
Que para alcanzar la libertad de tus deseos, has de llegar vestida.
Vestida de ti misma, de lo que eres, de lo que piensas, sientes y deseas.
Si llegas desnuda, no creeré en ti.
Si vienes desnuda, puedes marcharte...
Porque no podrás entregarme tu desnudez, si ya estás desnuda mi niña...

ERES MIA...





Eres mi posesión, yo soy tu dueño,
carcelero del alma sometida,
prisionera desnuda y ofrecida
en la luna sin noche de tu sueño.

Te encadenas a mí, con el empeño
de entregarme tu ser donde se anida
tu esencia de mujer enardecida
por un cálido amor del que me adueño.

Me perteneces toda, te reclamo,
te ordeno que me entregues, día a día,
la noche virginal de tu deseo.

Despójate del alma si te llamo
a ser parte de mí... Porque eres mía
te desnudo, te quiero, te poseo...ROSA

QUIEN ERES?...





¿Quién eres? – dijo la mujer.
– Soy un hombre – contestó el hombre.
– Ven conmigo – le propuso la mujer. – ¡Estoy tan triste!...
– No puedo ir contigo –dijo el hombre–. No estás domesticada.
– ¡Ah, perdón! – dijo la mujer. Pero después de reflexionar agregó: – ¿Qué significa domesticar?.
– No eres de aquí – dijo el hombre a la mujer. – ¿Qué buscas?...
– Te busco a ti – dijo la mujer. – ¿Qué significa domesticar?.
– Es una cosa demasiado olvidada – dijo el hombre. – Siignifica “crear lazos”.
– ¿Crear lazos?.
– Sí – dijo el hombre. – Para mí no eres más que una mujer semejante a cien mil mujeres. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un hombre semejante a cien mil hombres. Pero, si te domestico, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí única en el mundo. Seré para ti único en el mundo...

(Inspirado en un pasaje de "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry)

MANOS...


Manos que recorren tu cuerpo, inventando caricias, recreando placeres. Manos alfareras que moldean, milímetro a milímetro, tu piel, dibujando contornos, buceando rincones, descubriendo secretos espacios y ocultos lugares. Manos desplomadas sobre la tierra caliente de tu universo de mujer, elevadas al inmenso firmamento de tu ternura, sumergidas en las profundidades de tu océano, fundidas en el crisol transparente de tus manos.




Manos desterradas y acogidas en cada curva y en cada pliegue del infinito de tu cuerpo desnudo, modelando los sueños apenas trazados con las yemas de los dedos, como una estela de ilusiones, como la huella invisible del tiempo detenido en cada poro, en cada luna, en cada constelación de tu cielo. Manos para agarrarte, para apretarte, para recorrerte, para sentirte, para acercarte, para atarte, para soltarte...

Manos para crearte, palmo a palmo, trozo a trozo, centímetro a centímetro, mujer nacida entre mis manos. Mis manos descarnadas que te encarnan, dia a dia, vida a vida, desvividas por morir –como las olas– sobre la arena suave de tu orilla. Inventando caricias, recreando placeres... Recorriéndote, Rosa, de parte a parte, para dejarte prendida en cada línea, en cada huella, en cada palma, en cada surco de mis manos prisioneras en la cárcel sin salida de tu cuerpo...

NADIE...




Nadie como tú sembró diciembres en mi alma. Ni esperó a mi vera a que llegara la madrugada. Nadie como tú me roció de ilusiones la mirada y puso en fuga a las sombras, que mis perímetros circundaban.

Nadie como tú entretejió de rimas mis palabras. Ni compuso mejor sinfonía para que mi deseo con tus caricias bailara. Nadie como tú hiló tan generosamente de pétalos una guirnalda, que invistió mis sienes y me proclamó, de la felicidad, el propietario.

Por eso, de par en par, desnudo, cándido, a ti entregué mis armas, forjadora de sueños, centinela de mi agua. Por eso y porque de no haberte conocido, este ingenuo corazón, nunca habría aprendido a querer como hoy te ya te quiere, mi niña, Rosa.

lunes, 10 de diciembre de 2007

TE SOÑE... MI NIÑA MORGANA...


Aun a pesar deno conocerte si que se sentirte morgana...

En mi sueño te veía sin rostro, es decir, caminaba contigo teniendo la conciencia de que eras tú, pero sin saber como eras.
Cogidos de la mano, caminábamos en silencio por el bosque. Con ese silencio que encierra la más grande felicidad, ese silencio que permite escuchar el tronar de las hojas al pisarlas, el cantar de las aves cuando entonan himnos, el abrirse paso entre las sombras de los rayos del sol y el cantar de las copas de los árboles sacudidas por el viento. Todo ello escuchado en el silencio, a sabiendas que todos éstos crean loas en derredor nuestro, salmos que cantan nuestro amor. Y nosotros felices tomados de la mano escuchando cómo la naturaleza se alegra y goza con nuestro encuentro y nos invita a ir cada vez más hacia sus entrañas.
Llegamos al paraíso.
Un prado de pasto tupido y suave que invitaba a recostarse sobre él y enfrente de este jardín un río que lo atravesaba sigilosamente con el tierno arrullo de su corriente. Lo admiramos y luego nos miramos. Al hacerlo, nos dimos cuenta de que estábamos en medio de la nada. De la nada y a la vez de un todo que nos invitaba a la intimidad.
Sin decir palabra nos besamos. Fue así como entró la lujuria en nuestros cuerpos y se desató el torrente de fuego que yo había encarcelado en mi interior hace ya mucho tiempo. En tu mirada vi brillar a la diosa de la belleza que te cubría con capa de luz, la cual, llenaba todo tu ser de una belleza sublime, un resplandor de hermosura que nunca será visto.
Estaba yo en éxtasis, pero me volviste en mí dándome un abrazo. Con ese abrazo, el fuego, que apenas surgía, me incineró en un instante. Tomándote de tu cintura, te besé tiernamente en tus labios y saboreé gustoso el dulce néctar que de ellos salía.
Beso tras beso fui experimentando muchas nuevas emociones, cada beso tuyo, transmitía una nueva sensación de placer, de calor, de ternura y de lujuria. Nadie antes me había besado tanto y tan bellamente como tú.
Mis manos llevadas ya no por mi razón, si no por una fuerza desconocida, corrían por tu cuerpo lentamente. Iban de un lugar a otro apenas tocándote; de abajo a arriba, viaje en tus brazos; tu espalda la medí a palmos; tu cintura cabía entre mis brazos y tus pechos, que me pedían a gritos que los acariciara, no me atreví a tocarlos.
Vine a sentir tu suave y delicada piel, cuando te recosté en el pasto pues al hacerlo, una de mis manos quedó accidentalmente colocada en tu desnudo abdomen, fue entonces cuando, sin despegarla de tu piel, comencé a recorrer nuevamente tu figura.
Nuestros besos continuaban, pero lo tierno, ya se había tornado candoroso y lo candoroso en una pasión sin freno.
Con mi otra mano me deshacía difícilmente de tus vestidos y no lo hubiese logrado si tú, como leyéndome la mente, no me hubieras ayudado. Con increíble soltura, esquivabas tus ropas y te deshacías de ellas, al mismo tiempo que me desnudabas parcial y poco a poco.
Mis besos habían dejado ya tu boca y ahora recorrían tu cuello. Mientras que seguíamos el juego del despojo de todo lo que nos estorbaba para nuestra entrega.
Cuando quedamos desnudos y vi tu figura completa, sentí como si un ser divino estuviera enfrente de mí. Tus líneas no hacían más que invitarme a recorrerlas con mi boca y... así lo hice.
Mis besos que estaban en tu cuello. Con mi lengua lo recorrí mientras ésta pronunciaba suaves palabras de amor y pasión. Bajé a tus pechos, los cuales ya estaban en posesión de mis manos. Tus pechos me parecieron tan bellos a la vista, tan suculentos al gusto y tan admirables al tacto que ya no quería dejarlos ni un momento, pero tus gemidos me dijeron que continuara.
Dejé entonces que mi boca gustara de tus delicias y que se arriesgara a excursionar por esas montañas tan llenas de encantos. Besé pues tus redondos pechos, los lamí y chupé. Con tiernos mordiscos, conquisté tus excitados pezones, fue como conquistar la mejor de las montañas. Mientras, mis manos se separaron y se aventuraron a recorrer lo que restaba de tu cuerpo. Viajaban por tus brazos, tu espalda, una bajó a tus piernas la otra en tu hombro, tu cuello y tu rostro hasta que, cómo si se hubiesen puesto de acuerdo, se toparon frente a frente, pero en dos elevaciones diferentes, se saludaron, pero se negaron a soltar el glúteo que cada una había encontrado. No se soltaban porque estaban como en el cielo y se aferraba cada una al suyo como si de ello dependiese su existencia.
Los sostenían a veces tiernamente para sentir su suavidad, su redondez, su perfección y a veces con gran fuerza y brusquedad llevadas por la pasión y el desenfreno.
Mi boca se animó a bajar de tan suculento lugar, con la esperanza de encontrar un lugar con mayores goces y... así fue.
Llegué a ese lugar no sin antes recorrer un largo y sabrosísimo camino en el que sentí con mis labios un abdomen firme y delicado. Mi lengua se entretuvo un poco al encontrarse con tu ombligo en el que se introdujo varias veces jugando a las escondidas.
Al seguir bajando, me topé con tu vientre y lo besé con gran ternura como sabiendo que en este lugar se encontraba la fuente de toda dulzura. Mis manos seguían recorriéndote; ahora estaban en tus pechos, ahora estaban en tus piernas, o, en su lugar favorito... tus nalgas.
Para entonces con mi barbilla sentía el roce de tu bello púbico y disfrutaba extraordinariamente de tal sensación. Como un imán me atraía la parte que escondes entre tus piernas. Pero quise retrasar mi llegada y me desvié a tus muslos. Muslos que me conquistaron en cuanto los vi tan firmes y blancos, tan lisos y suaves, tan... suculentos.
Estuve allí hasta que tus gemidos me indicaron el momento exacto para ingresar al valle del placer. Mis brazos se colocaron debajo de tus piernas y mi boca colocó sus labios en tus labios vaginales. Empecé a lamer tu vagina muy, pero muy despacio. Recorría tus labios con mi lengua y me detenía más tiempo en tu clítoris. Lento y suave, mi lengua saboreaba lo más dulce de ti.
Tus apenas escuchados gemidos se habían convertido ya en gemidos profundos y ahogados, acompañados de contorciones corporales que hacían que me excitase más.
Mi lengua se introducía hasta donde más podía y llegó el momento en el que se concentró únicamente en tu clítoris y lo chupé con desenfreno una y otra vez y no pare de chuparte tu húmeda vagina, hasta que sentí que tus líquidos recorrían mi boca y escurrían hasta mi cuello.
La contorsión que te provocó el orgasmo, hizo que levantases una de tus piernas y yo, ágil y sutilmente, me recorrí de forma admirable a una nueva posición. Ahora el punto que mi lengua buscaba sin cesar, eran tus nalgas. Mis manos extendidas ampliamente cubrían parte de tus nalgas y las forzaba a separarse para que mi lengua pasara sin problema. De vez en cuando daba pequeños mordiscos a tu delicioso trasero y mis manos aferradas a tus redondas nalgas, las apretaban y las acariciaban.
Cuando tus gemidos se hicieron presentes, supe que ya estabas recuperada y lista para llegar al orgasmo una vez más. Fue entonces cuando una de mis manos se alejo de su respectivo glúteo y empezó a excitar tu vagina, que aun estaba húmeda y lubricada. Así que sin necesidad de humedecer mis dedos, pude recorrer tus labios, jugar con tu clítoris abrir tu vulva y meter dos de mis dedos.
Mi lengua continuaba lamiendo tus nalgas y un dedo travieso empezaba a querer meterse entre ellas. Tú, aprobando tal acto, empezaste a ceder y a permitir que mi dedo se introdujera muy despacito. Así una mano acariciaba tu vagina, y la otra se abría pasó en tu ano.
Mi pene estaba a tope fuerte y rígido como roble y al tenerte en esa posición, entré en conflicto por un momento, pues no decidía donde introducirlo. Opté de forma natural por tu vagina, pero unas palabras, entrecortadas y ahogadas en placer que me dirigiste, cambiaron mi opción; "por atrás" me dijiste y, como un ser sin voluntad, seguí tus palabras.
Para esto, ya tenía uno de mis dedos dentro de tu otro precioso cofre. Lo saqué y puse en posición mi pene y lo introduje poco a poco, muy muy despacito. Al principio me ardía horrores pues estabas cerradita, y al juzgar por tus gemidos, a ti también te sucedía lo mismo. Pero a ambos el dolor se fue convirtiendo en placer, en un placer mezclado con dolor , un placer que se gozaba en cada arremetida, por lo regular violenta, como queriendo entrar hasta donde más se pudiese.
Ya sin respiración y con mi cuerpo tan contorsionado que parecía poseído por el dios del amor y con mis músculos tan tensos que se marcaban cada cual y mi vientre tan caliente y tan furioso que era comparable con un volcán a punto de estallar. Ya solo bastó un apretón de tus nalgas para que no pudiera soportar más ese fluir de lava que tenía dentro y, como erupción repentina y violenta, salió mi lava ardiente una y otra vez llenando tu interior de un calor que recibiste con un gemido de placer. Me salió tanta que parecía que no iba a terminar nunca. En cada erupción, sentía que se me iba la vida. Un goce que por más que busco no encuentro palabras para describirlo.
Cuando concluyó mi eyaculación y la última gota de mi lava había salido ya, me derrumbé sobre ti. Me recosté sobre tu cuerpo buscando tus cuidados y tu protección. Tú me recibiste con una expresión de cariño y de placer. Me abrazaste y nuestros sudores se mezclaron y nuestras respiraciones se entrelazaron.
Pasando un minuto de reposo mutuo, me empezaste a besar y a acariciar. Me hiciste recostar totalmente y te colocaste sobre mí. Fue entonces cuando tus labios empezaron a besar expertamente los míos y, siguiendo el recorrido que mis labios habían hecho sobre tu cuerpo, avanzaron hacia mi cuello y mi pecho. Tus labios tiernos, jugosos y hábiles sabían arrancar suspiros de mí con sólo besar mi cuello. Estos suspiros multiplicaron su número e intensidad cuando tu boca recorrió mi pecho mordiéndolo, besándolo y arañándolo con tus manos.
Cuando tu boca llegó a mi firme abdomen, mi pene ya estaba tan erecto como hace unos instantes. Tus besos se colocaron en cada músculo de mi abdomen y bajaron hasta mi ombligo. Fue allí donde te topaste con mi, poco pero firme, vello.
Sin avisar y de un brinco, tus labios fueron a dar a mi pene. Abriste tu boca e introdujiste mi pene en tu boca. Ante esta indescriptible sensación lo único que pude hacer fue tomarte de los cabellos y lanzar una exclamación de inigualable placer. Me lo chupaste de arriba a bajo, te lo metiste todo en tu boca y lo saboreaste como si tuvieras enfrente el mejor de los majares. Colocabas mi cabeza en tus labios y lo chupabas, lo mordías y lo succionabas. Tu mano me agarraba la base y tu boca recorría mi erecto trozo de carne. Pasabas de chupadas a mordiscos suaves que me hacían perder el juicio. Cuando ya no puede contenerme más salió de mi una segunda eyaculación, la cual recibiste y saboreaste sobre tus erectos pezones. Exprimiste mi pene hasta que tuviste la certeza de que no quedaba gota alguna...
Subiste a mi hasta quedar rostro con rostro. Me sonreíste y me diste un beso que encerraba don y agradecimiento, complicidad y ternura, gozo, placer y descanso.
Te recostaste en mi brazo y abrazándote para protegerte de todo, dejamos que el río, cómplice nuestro, nos arrullara con su dulce melodía. Nos dejamos seducir por el canto de la naturaleza, con los ojos cerrados nos transmitíamos caricias de amor y con tiernos besos resumíamos todo lo que experimentamos. Cuando nos atrevimos a mirarnos nuevamente, nuestros ojos contenían el mismo pensamiento –CONTINUAR- y como si se tratase de una competencia, los besos y caricias se desataron y corrieron desesperados por todos lados.
Y cuando el calor de nuestros cuerpos disponía una nueva modalidad en el amor......
......sonó mi despertador.
Fue un largo y bello sueño. El mejor que he tenido, el más deseable, el más intenso, el más real, el único en magnitud, el que ha estado en mi mente desde que sé de ti, el más perfecto, el más dulce y candente..... pero sueño al fin.

DEDICADA A MI...


Culminas tu placer provocando el mío... Tras el último temblor de tu cuerpo estremecido, te dedicas a mí, ofreciendo tus manos a mi piel, entregando tu boca a mi deseo apretado en las venas de mi sexo palpitante... Lo besas y lo lames, como en un ritual de adoración, en una acción de gracias que ofrecieras tras el gozo de tu sexo penetrado...

Te dedicas a mí, anhelando mi placer, hambrienta de mi carne aún impregnada de tus jugos de mujer, sedienta del néctar agridulce que harás derramar sobre tus labios afanados en recorrer cada centímetro de mi sexo al ritmo febril que impone tu boca posesiva...

Degustas el sabor de tu propio placer en el primer envite de tu lengua, inundas de saliva el glande descubierto y excitado, tragas y destragas con ardiente pasión la endurecida superficie de mi verga, haciéndome temblar...



Gimes y jadeas cuando te detienes, apenas el instante que precisas para recobrar el aliento... Te excita saberme sometido al dominio de tu boca y de tus manos... Te excitan mis gemidos, mis dedos que se enredan en tu pelo y se clavan en tu nuca, la tensión de mis nalgas y mis piernas ante el orgasmo inminente, saber y sentir que bastará un leve roce de tus labios para hacerme vibrar y estremecer...

Dedicada a mí, tus dedos culminan mi placer, cerrados sobre el tronco de mi sexo, agitando su piel con vehemencia, sintiéndola palpitar y contraerse... Te detienes y oprimes tus dedos para tensar la piel deslizada... Una oleada de fuego recorre mi columna vertebral... Contengo la respiración mientras siento fluir el semen por el interior de mi verga... La primera contracción, el primer espasmo, el grito inevitable de placer, el esperma brotando como un latigazo de deseo, restallando en tu boca ofrecida y oferente, abierta para atrapar golosamente el jugo exprimido por tus labios y tus manos...

REFLEJO...




Reflejo de ti misma, tú frente a ti, a solas contigo en la íntima soledad de tu habitación. Muéstrate desnuda, contempla en el espejo la desnudez absoluta de tu cuerpo, de pie, enfrentada a tu imagen retadora, a tus ojos que escudriñan tu mirada temerosa. Mírate con ojos profundos y lascivos, llénate de deseo, enamórate de tu ser idéntico y complementario, distinto sin embargo en sus sueños ocultos, en tus sueños reflejados en la mujer que contemplas frente a ti, imagen de ti misma, verdadero yo de tu auténtico ser.

Arrodíllate... Es una orden que te grito y que te grita tu imagen reflejada. Póstrate ante mí, ante ella y ante ti, sometidas frente a frente, sumisas de rodillas, a merced la una de la otra. Bésate, acaríciate, fúndete contigo misma, tus labios que buscan tus labios, tus pechos apretados en tus pechos, tu vientre agitándose contra tu vientre, tu sexo humedeciendo tu sexo... Penétrate hasta alcanzar el orgasmo compartido... Escúchala gemir... Escúchate gemir...

Tú y tú a solas... Pero solo tú -y no ella- te entregarás a mí...

EL DOLOR DEL ALMA...





Es mucho mas soportable el dolor que puede sentir un cuerpo que el del alma.

En el cuerpo, el dolor marca su efímero territorio. En el alma, se instala sin marcas y se acomoda.

El dolor del alma...
No te dejes arrastrar por él... Podría destruirte...

QUIERO ENTRAR EN TU ALMA...




Me gustaría entregarte mis manos, pero aun no he podido, pero si... Te concedo, sin embargo, el premio de mis labios sobre tu cuerpo... La caricia de los besos... El cielo de mis caricias de besos manuscritos...

Quiero que mis labios sean los descubridores de los secretos de tu piel, aventureros de los rincones ocultos, incluso para ti...

Te poseo, por vez primera, con mis labios enredados en tu pelo,... Mis labios que apenas rozan el lóbulo de tu oreja derecha para descender por tu cuello, recorriendo el camino que les lleva hasta el de la izquierda... Allí, se deslizan suavemente por el contorno de tu oreja, para acabar haciéndose susurro de deseo en tu oído... Susurro de cariño y de respeto...

Mis labios que besan tu contorno de mujer, detenidos en tu hombro derecho, río abajo de tu brazo, buscando los vericuetos de los dedos de tus manos, río arriba hasta tu axila recién descubierta... Siluetean el contorno de tu pecho y descienden por el sendero de piel que lleva a tu cintura, a tus caderas y al remanso suave de tu pierna...

Tú permaneces erguida, igual que frente al espejo... Es tu amo quien se reclina, quien se arrodilla ante ti, regalándote una adoración de besos en tu pie, antes de comenzar la ascensión hasta la cumbre de tu pubis, punto de partida de un nuevo descenso por el interior de tu pierna izquierda y de un nuevo ascenso, desde tu pie hasta tu hombro...

Mis labios que recorren el perímetro de tu cuello y avanzan redibujando la estela de tu columna vertebral, invadiendo la tierra firme de tu espalda para tomar posesión de la redonda isla de tus nalgas... De tu cintura circundada por mis besos que llegan al oasis de tu vientre y de tu ombligo, donde mis labios se juntan y aprietan, para ahondar en su profundidad, arrastrados por el reflujo de la marea de tu agitada respiración...

Vientre arriba, la conquista de una constelación de cinco pequeños lunares en el universo de tu cuerpo, justo antes de sitiar, definitivamente, el valle de tus pechos deseados, de tus grandes aureolas rosa-ocres, de tus pezones erguidos entre mis labios... Mis labios que muerden suavemente tus pezones...

Poseída, por vez primera, por mis labios que descienden por tu piel hasta tu sexo, sedientos de tu placer derramado sobre ellos, de tu esencia de mujer entregada a mis besos dominadores... Esclava virgen, desflorada de besos que atrapan la carne suave de tus labios vaginales y apresan tu clítoris escondido, para hacerte cautiva del deseo convulso, del húmedo placer vertido, de la locura del éxtasis consumado...

Mis labios que, por fin, encuentran los tuyos para dejarte en tu boca el intenso sabor de tu propio placer impregnado en la mía...

Las últimas caricias de mis besos, apenas rozarán tus mejillas calientes y la breve extensión de tu nariz... Y en la estrechez de tu frente, un último beso, profundo y ardoroso...

Ya puedes vestirte... Ahora solo deseo contemplar la desnudez de tus ojos y la puerta siempre abierta que conduce a tu alma desnuda...

TE DESEO...


Enredaré mis brazos a tus caderas,
anudaré mis besos a tu cintura.
Anudada tu carne, te tortura
un silencio de sensaciones prisioneras.

El deseo y el silencio, enredaderas
que trepan por la dulce encarnadura
de tu piel, penetrando la hendidura
de tu sexo que aviva mis quimeras.

Descarnaré el silencio con tus gritos,
destreparé tu carne con mis besos
navegando con ellos el mar de tu cintura,

esclava de silencios infinitos,
de sensaciones descarnadas en mis huesos,
en el mar de mi noche más oscura.

DESEAME...


Deseame, en cada palabra y en cada beso, en cada caricia sentida o deseada, en cada súplica y en cada orden, en cada herida desangrada por amor...



Deseame en cada castigo y cada recompensa, en cada ofrecimiento y cada entrega, en la atadura del cuerpo, en la libertad del alma, cada vez que me recuerdes, cada vez que te olvide...

Deseame en el dolor, en el profundo dolor de tu carne, en el grito de dolor de tu boca... Y en el placer, deseame en el placer, en el profundo placer de tu carne, en el grito de placer de tu boca...

Deseame en tu desnudez completa. Vístete de amor cuando te desnudes, cuando te desnude, esclava del amor y por amor...

Deseame en cuerpo y alma...

Porque, en cuerpo y alma, quiero ser merecedor de tu entrega mi niña...

NO TE SUELTES


No te sueltes, cielo, que en este camino precisas mi mano apretando la tuya. No te sueltes nunca que el camino es largo y te da mi mano fuerza y esperanza.

Caminar conmigo es vencer los miedos y escalar la vida en busca de vida.

No te sueltes nunca que yendo conmigo todo te será realmente alcanzable.

Mira, si tropiezas, si caes en la noche, mi mano sostiene tu leve cansancio. Si tienes mi mano no importan las piedras ni importan barrancos ni oscuros abismos.

No te sueltes, cielo, no te sueltes nunca...

Que no sabrás dónde ir si no tienes mi mano...

Que no sabré dónde ir si no tengo tu mano...

sábado, 8 de diciembre de 2007

MI REVOLUCION...




MORGANA, sueño de pirata, cofre de tesoros magníficos de estrellas tímidas escondidas en tu pelo, de corales refulgentes que acarician el agua antes que el agua acaricie la playa. MORGANA, playa de arena son tus senos, playa de arena y castillitos son tus muslos, playa infinita, jadeante de huellas de pisadas de mareas que llegan te besan y se van pero vuelven y te besan, siempre tienen que volver a besarte. MORGANA, quisiera ser ballena para llegar a morir en toda-la-playa-de-tu-piel.
"Tú y yo, juntos, vamos a hacer la revolución", te digo, y no oíste más porque de ahí en adelante fueron mis labios devorándose los tuyos, mis manos enterrándose en tu pelo, la caricia de mi barba y de mi aliento en tu rostro en tu cabello, en ese embotamiento dulce de aguardiente y lejanos jadeos de rebelión, "tú y yo conquistando el mundo, y eran mis manos las que conquistaban tu cuerpo, las que recorrían tu espalda y se infiltraban debajo de la blusa para pegarse a tu piel y aparecer de pronto rodeándote los senos, despacio, porque será la lucha popular la que derribe la tiranía y tus senos dejando de ser tiranos en esas manos que los apresaban plenos, y se turnaban con los labios los mordiscos tiernos en tus pezones incendiados, el terremoto que sentías viniéndote de adentro, la lucha combativa en la ciudad y en el campo en tus muslos cuando se levantaba tu vestido, evadiendo esas arañas subiéndote por la piel, pero no, que no se vayan, si era de mentira, si querías tenerlas sobre toda tú, y el peso presentido, estrechándote, besándote la oreja, "la solución es la revolución", revolución de mis dedos entre tu pubis, explorándolo, llenándote de ese goce inaudito el cuerpo, sacándote el terremoto y los huesos duros de mis piernas abriendo tus muslos, el poder del pueblo hurgando el abismo, la fuerza de la revolución penetrándote, invadiendo tus selvas de guerrilla, tus montañas en armas, tu estrecho callejón clandestino y tus rodillas aferrándose al tren, el tren de la rebelión popular inundándote de placer y de miedo, convirtiéndote en mujer, mujer-nube sobre los pueblos heroicos que luchan, y una nube eléctrica lloviendo e inundando tus entrañas, la revolución...

MI MANERA DE RESPONDERTE... MORGANA...

Hoy ,e estaba acordando de la conversación que habia tenido con mi nueva amiga del chat y en la conversación ella se quejaba de algo que yo tambien he observado y es que la mayoria de los amos o dominantes, no saben o no quieren ponerse en el lugar de la sumisa, intentar al menos pensar como vive su entrega como la siente, sino que al contrario y me pregunto a mi, si yo me habia puesto alguna vez en el lugar de mi sumisa, y creo que el mejor modo que se de contestarte , morgana, es este, espero que la respuesta sea de tu agrado...




Pasillos blancos. Pasillos alargados y fríos, casi infinitos. Sábanas blancas, paredes blancas, batas blancas. Demasiado blanco todo, y entre esa anestesiante palidez.... Lágrimas negras para un futuro injusto.
Más pasillos blancos. Los mismos blancos y alargados pasillos, casi infinitos, fríos. Las mismas paredes blancas, inmaculadas. Las mismas personas enfundadas en sus batas blancas manchadas por otras lágrimas negras.
Lo que hasta ese momento unía a Ana e Iñaki era negro. Era oscuro y triste, era desolador e inhumano... Eran las lágrimas negras que todo lo inundaban. Cada recuerdo se convertía en un nudo en la garganta, en un grito a la vida, una vida a la que se aferraban en vano.
Iñaki empezó a llorar lágrimas negras hace un mes. Siempre las lloró con resignación, en solitario y sin ningún hombro en el que apoyarse.
Ana lloró las mismas lágrimas negras que Iñaki. Las lloró en otro rostro y con ellas bañó otro cuerpo, pero algo une ahora a Iñaki y a Ana.
A los dos se les escapa la vida, a los dos les dieron ya hace más de una semana un pistoletazo de salida cruel. Los dos jóvenes iniciaron su última carrera hace unos días, una carrera sin ganador, en la que los dos saben que son perdedores antes de echar a correr. Para ellos no hay kilometraje, desconocen la distancia que recorrerán. Pero lo que sí saben es que la carrera tiene un destino final tétrico y una última parada llamada MUERTE.
Hundido en esa habitación blanca, Iñaki clava sus ojos en el suelo. Un suelo que se va tiñendo de negro. Gota a gota el joven impregna el suelo con el color de su futuro. Gota a gota con cada lágrima la vida se le escapa a gritos. En un intento de detener ese chorreo de vida, Iñaki se tapa los ojos, se los tapa con la intención de detener esa hemorragia cruel. Pero las lágrimas negras no dejan de brotar, manchan sus dedos de muerte y siguen ensuciando el suelo sin poder evitarlo.
Dos puertas más allá, unos ojos secos miran por la ventana. Miran sin ver.
Ana ya tuvo tiempo de secar sus lágrimas. O de agotarlas. Las palabras de ánimo de su novio, eran palabras de esperanzas vanas, de promesas de futuro que se caían por su propio peso, de mentiras piadosas, eran palabras que provocaban sus lágrimas. Y entonces se dio cuenta de que las lágrimas tienen una finalidad, y las suyas eran estériles. Mojaban y mojaban el suelo, pero nada más. Y se cansó de oírle, y de creerle, y de mojar el suelo. Y se convirtió en una autómata que asentía ante cada mentira, que sonreía ante cada palabra de ánimo. Hasta que tuvo que ser ella la que empezara a animarle a él.
Y eso su novio no lo soportó. La miró como diciendo "Eh, que soy yo el que te tiene que animar". Y ella le devolvió una mirada, por primera vez seca en muchos días, que le decía "Yo no quiero que me animes, sólo quiero que me hagas compañía". ¿Por qué queremos ser siempre partes activas del mundo, cuando hay momentos que sólo piden que uno sea un mero espectador? Él quería ser su ángel salvador, no un comparsa, y no supo ver su papel.
Y empezó a espaciar sus visitas, y Ana se alegró de ello. De su última visita, tan lejana aunque sólo hayan pasado 24 horas, conserva una mirada triste y un paquete de tabaco y un mechero que le cogió de la chaqueta. Lo agarra, sale al pasillo y se dirige a las escaleras. El segundo día de su estancia allí descubrió un rincón donde poder aislarse de todos y sobre todo del maldito color blanco que todo lo llenaba.
Mientras tanto, Iñaki sigue en su habitación. Las paredes blancas que le rodean se convierten en algo asfixiante, que le oprime, que le impide respirar y necesita aire, aire, aire. Se levanta, sale de la habitación, ve una puerta amplia y se dirige a ella. Escaleras hacia arriba y escaleras hacia abajo. Pero si está en la última planta del hospital... ¿dónde van esas escaleras que suben? ¡Qué ironía de vida! Siempre oyendo esa metáfora de que la vida es como unas escaleras que suben, y ahora que la escalera de su vida baja y baja, él quiere subir por unas.
Sube apenas 20 escalones y una puerta le detiene; gira el pomo y la puerta se abre. La luz directa del sol le deslumbra, y se encuentra en una pequeña azotea. Avanza hacia la barandilla y una sensación de vértigo le marea y le hace agarrarse con las dos manos.
- Yo no lo intentaría; aunque son 6 plantas, hay unos árboles enormes abajo. Te frenarían las ramas y como mucho te romperías las dos piernas.
Iñaki se yergue ante la barandilla; sino fuera por el olor a tabaco que le acaba de llegar, hubiera jurado que su conciencia le había hablado. Se gira lentamente y descubre a una chica sentada sobre la barandilla, detrás de la puerta. Morena, pelo muy corto, con un pijama de ositos, y con una mirada triste que reconoce porque la ha visto él mismo esa mañana al mirarse en el espejo.
La chica le mira fijamente, mientras se lleva lentamente el cigarrillo a la boca y da una profunda calada.
- Hola... ¿Eres una paciente?
- No, soy tu ángel de la guarda... - responde muy seria, después de soltar una bocanada de humo
- Vaya pregunta estúpida hice...
- No más que mi respuesta... anda, siéntate conmigo, que necesitas una dosis de nicotina.
Iñaki se acerca hasta la chica, y acepta el cigarrillo que ella le ofrece.
Coge el mechero, y lo enciende protegiendo la llama con la mano. Aspira profundamente, y suelta el humo con placer.
- Mmmmmm... pensaba que ya no me acordaría de como se fuma... hace un mes que no fumo...
- Ya, los médicos son un poco obsesivos; tengas lo que tengas lo primero que te quitan es el tabaco.
Por primera vez desde hace un mes, Iñaki ha estado 2 minutos sin pensar en lo suyo. Pero las palabras de la chica triste le hacen volver a pensar.
- Y tú ¿por qué estás aquí?
- Una hepatopatía - responde Ana.
- ¿Una qué?
- Hepatopatía. Ya verás, prueba a decirlo rápido... suena a estribillo de canción del verano
- Oye, pues ahora que lo dices...
- Y aquí estoy, esperando un hígado que no llega... Yo creo que no deben tener ninguno de mi talla...
Iñaki no sabe muy bien qué contestar. Casi ni se atreve a hablar sobre su mal, y al lado tiene una chica que bromea constantemente sobre su enfermedad.
- Por cierto, soy Iñaki.
- Yo Ana; y antes de que te hagas una idea equivocada de mí, te aclaro que el pijama no lo elegí yo...
- Jajajaja - Iñaki ríe, y hasta se sorprende él mismo al oír su risa.
Ana vuelve la vista hacia el frente, y esa mirada triste se pierde entre los bloques de casas. Iñaki aprovecha para mirarla bien. Es una mujer joven, delgada, con un aura de tristeza que la envuelve y con una ironía sutil que derrocha en cada palabra.
- No está tan mal... si estuvieras así en una discoteca, te aseguro que yo mismo te invitaría a una copa.
- No creo que me dejaran entrar en una discoteca con esta pinta... Seguro que los ositos tienen reservado el derecho de admisión
- Vale, de acuerdo, en una discoteca no; pero por lo que he visto por aquí... eres de las que mejor le sientan los ositos...
- Eso dímelo a mí; desde los 18 mirando culos de chicos y ahora sólo puedo clasificaros por el tamaño de los cuadros de vuestras batas
- Hey, que yo no llevo bata de cuadros... ¿En qué grupo me meterás?
- Estás si clasificar aún; de momento sólo eres el chico que quería saltar
- Aunque no me creas, no vine aquí para saltar... necesitaba aire, tan sólo eso
- Te creo... Y a ti, ¿qué es lo que te ha traído aquí a tomar aire?
- Dame otro cigarro de esos tuyos, y te cuento...
Iñaki necesita esos 30 segundos de tregua; es un tema del que no ha hablado con nadie, porque nadie iba a comprenderle, pero sabe que la chica triste le entenderá. Un par de caladas profundas y revive la conversación que tuvo con su médico: "Mira, Iñaki, imagina una ciudad situada en un valle entre montañas por el que pasa un río. Llegará un momento en que esa ciudad crecerá más y más, y la única manera de crecer es robándole sitio al río.
Puede que no pase nada, puede que el río busque un nuevo cauce natural, pero puede que el río se rebele y decida recuperar sus terrenos". E Iñaki que se lo quedó mirando, pensando que la metáfora era preciosa pero que debió prestar más atención en clase de lengua porque no entendía ni papa.
- Pues yo debía ir a tu clase, porque tampoco he entendido nada.
- Un tumor que oprime la aorta; es muy peligroso operar por la zona en la que está y apenas me dan probabilidades de éxito. Hace poco empezó a desarrollarse más rápido y me ingresaron; están intentado detenerlo con radio y medicación, pero puede que en cualquier momento oprima demasiado y... - su voz se rasga y no puede seguir hablando; vuelve la cara porque las lágrimas negras vuelven a enrasarle los ojos.
- Bueno... - Ana eleva la voz como haciendo que no ve nada, mientras abre el paquete de tabaco - el último cigarrillo... habrá que disfrutarlo
Y se quedan los dos fumando, mirando al frente, y sin hablar. No lo necesitan, están cada uno con sus propios pensamientos, tan diferentes y tan iguales. Pero por primera vez desde que están allí internados, ninguno de los se siente solo.
- Hey, ¿viste la hora? - Ana se levanta de un salto, recoge las 4 colillas y las mete en el paquete vacío - Rápido, que ahora pasará la Termi
- ¿La quién?
- Jejeje - por primera vez en todo el rato, Ana sonríe - Tú llevas aquí poco tiempo, ¿eh? La Termi es la enfermera del termómetro... pasa cada día antes de la cena
- Es verdad...
- Venga... - Ana se gira para marcharse, pero se para un momento, se gira, da un paso hacia él y le da un sonoro beso en la mejilla - nos vemos, chico que no quería saltar - le dice mientras sale por la puerta de la azotea
- Hasta otra, chica triste...
Después de cenar, y con el hospital en silencio ya sin visitas de familiares, Ana se tumba en la cama, y se queda allí mirando el techo con los ojos bien abiertos. Hace muchos días que ni se molesta en cerrarlos; sabe que cuando le venza el sueño se dormirá, pero no será ella la que lo llame. Un suave toc toc en la puerta le hace levantarse, se calza las zapatillas y va hacia la puerta.
- Buenas noches, chica triste... ¿Te apetece subir a contemplar las estrellas y a echar un cigarrillo?
- Sólo hay una pega, te recuerdo que estoy sin tabaco
- Pero sé dónde podemos conseguir más... en la cafetería del hospital hay una máquina de esas que echas una moneda y... ¡¡¡Tachán!!!... de premio te dan un paquetito de tabaco - Iñaki sonríe mientras abre la mano y le muestra unas monedas a Ana.
- ¿Y si nos ven?
- Venga, chica triste... Total, ¿qué puede pasar? ¿Una bronca de la Termi?
- Espera, que cojo la bata y el mechero
Y como dos fantasmas en bata, se pierden por los pasillos del hospital.
Apenas hay nadie, pero al llegar a cada esquina, Iñaki le indica que se detenga, le pone un dedo sobre la boca para que guarde silencio, pega el cuerpo a la pared y con un movimiento brusco se asoma rápidamente al pasillo siguiente. Y luego se gira hacia Ana y le dice en voz muy baja:
- Vía libre, podemos continuar...
Y Ana le sigue el juego, riéndose detrás de él, pensando que el chico que quería tomar el aire está un poco zumbado. Cuando llegan ante las puertas de la cafetería, abren un poco la puerta y miran dentro; un camarero aburrido en la barra y 3 médicos sentados en una mesa. Iñaki la coge por los hombros, y la lleva hacia la pared:
- Tú vigilas la retaguardia, yo me infiltraré en terreno enemigo.
Ana sonríe divertida, un poco turbada ante el contacto con ese cuerpo cálido... una sensación que hace mucho que no notaba. Y por un momento sus ojos quedan atrapados, viendo cada uno en el otro una chispa de la vida que debían tener antes. Sin avisar, Iñaki baja la cabeza y le da un suave beso en los labios:
- Esto me lo llevo para que me dé suerte... estas misiones pueden ser peligrosas
Y guiñándole un ojo, se gira, se coloca bien la bata, y entra en la cafetería silbando una canción y haciendo sonar las monedas en su mano. Un sonoro buenas noches hace levantar la cabeza a los 4 que allí están, mientras Ana, que observa la escena desde la puerta, se tapa la boca con la mano para ahogar sus risas. Iñaki se dirige a la máquina con paso seguro, mete las monedas, selecciona el tabaco, coge el paquete y el cambio, y se dirige de nuevo hacia la puerta con otro buenas noches bien sonoro de despedida.
- ¡¡Corre, Ana, corre!! - Le dice Iñaki al traspasar la puerta.
Y los dos, con las batas a modo de capas, vuelven a perderse por los pasillos del hospital, corriendo sin detenerse hasta que llegan a su azotea. Jadeando, se apoyan los dos contra la barandilla y al mirarse, empiezan a reírse como dos locos. Poco a poco recuperan el aliento y la seriedad, y entonces Iñaki saca el botín, lo abre, saca un cigarro, se lo ofrece a Ana y mira sus suaves rasgos iluminados por la llama mientras ella lo enciende. No puede evitar pensar que igual que ese cigarrillo se consume, igual se están consumiendo ellos. Saca otro cigarro, lo pone en su boca y Ana le da fuego. No se ha encendido bien del todo e Iñaki aspira más fuerte para encenderlo del todo. Sus vidas se consumen, igual que esos cigarrillos. Pero si un cigarrillo se está apagando, se aspira más fuerte y se reaviva.
Vuelve a mirar a Ana, apenas iluminada por la brasa del cigarrillo. No es momento de pensar; es tan sólo momento de compartir, de traspasar algo de ese soplo de vida que aún les queda. Tira el cigarrillo al suelo, lo apaga, y se gira hacia Ana. La coge por la cintura y acerca ese pequeño cuerpo palpitante al suyo.
- Ana... dame la vida...
Ana deja caer su cigarro al suelo, eleva los brazos hacia los hombros de
Iñaki, y entreabre los labios para ofrecerle ese aliento de vida. No hay promesas en ese beso, solamente la necesidad de dos personas de saberse vivos. Y bajo el cielo oscuro, los dos se abrazan y se besan, olvidando por un rato todo lo demás. Amoldan sus cuerpos, mientras labios y lenguas buscan su espacio. Un minuto, tres, cinco... ¿Para qué contar el tiempo si no les pertenece?
Iñaki se separa un momento de ella, se quita la bata y la tiende sobre las baldosas de la azotea; hace lo mismo con la de ella. Frente a frente, sus miradas vuelven a encontrarse. Iñaki tiende una mano que Ana coge, y suavemente estira para volver a acercarla a él. Lentamente, uno al otro se quitan las chaquetas de los pijamas, dejando descubrir pieles pálidas que enseguida desaparecen debajo de unos dedos que sólo buscan sentir un latido bajo ellas.
La chica triste posa sus manos sobre el pecho del chico que quería tomar el aire, y sin despegarse ni un momento de esa piel cálida, las baja hasta el pantalón; abre los dos botones que lo sujetan, y el pantalón se desliza hasta el suelo. Con los pies, Iñaki se lo acaba de quitar y lo aleja de ellos, mientras sus manos buscan su hueco en los pechos de Ana. Los toma entre sus dedos, los acaricia, los mima. Poco a poco su boca baja a besar ese punto donde el corazón de ella late cada vez más deprisa. Iñaki va agachándose lentamente, hasta quedar arrodillado ante el cuerpo de Ana.
Acerca su cara a su pubis y lo besa muy dulcemente, mientras empieza a tirar de sus pantalones hacia abajo. Despojada ya del pantalón, nuevamente vuelve a besarla en el centro latente de su cuerpo, absorbiendo su aroma.
Sin mediar palabra, Ana se arrodilla ante él y vuelven a abrazarse y a besarse, mientras sus cuerpos van bajando hasta que quedan tendidos sobre las batas, frente a frente. Ya sin pudor ninguno, manos que exploran un cuerpo ajeno, conociendo cada rincón y cada pliegue, descubriéndose mutuamente. Parece que cada uno de ellos sabe lo que desea el otro; o quizá es lo que desea cada uno. Iñaki baja la mano por la pierna de Ana, y la levanta dulcemente para acceder completamente a ella. Los cuerpos se pegan más, y el miembro de Iñaki busca y encuentra su camino hacia el interior del cuerpo de la chica triste.
- Sshhh, no te muevas ahora... - le susurra Ana
Iñaki se queda quieto y la mira. En los ojos de Ana, asoman lágrimas que amenazan con verterse. Iñaki la mira, preocupado por un momento.
- ¿Estás bien?
Ana sonríe levemente. Iñaki acerca su cara, la besa en la boca y con su aliento recorre el camino hasta sus ojos; con toda la delicadeza de que es capaz, toma entre sus labios las lágrimas de Ana y vuelve hasta su boca para compartirlas con ella. Y mientras labios y lágrimas les unen, empieza nuevamente a empujar las caderas, queriendo entrar tan adentro de Ana como pueda. Y Ana le recibe gustosa en su cuerpo. Y el tiempo vuelve a perder sentido, mientras los dos cuerpos se mueven a un solo compás, aumentando el ritmo, hasta que Iñaki, con un ahogado gemido, vierte un halo de vida en el interior de Ana.
Poco a poco recuperan la respiración mientras siguen allí tumbados, compartiendo el calor de sus cuerpos. Iñaki abre los ojos cuando oye como
Ana susurra su nombre, y se encuentra con una mirada limpia, serena.
- Vámonos... - dice Ana en voz muy baja.
- Sí, cogeremos frío; será mejor que bajemos ya.
- No. Vámonos, vámonos de aquí...
- ¿Irnos? - Iñaki mueve la cabeza, sin entender muy bien lo que le dice Ana
- Yo ya te expliqué mi situación, Ana. Me controlan con medicación, pero sé que en cualquier momento mi suerte se acabará. Pero... ¿y tú?
- ¿Yo? - con un movimiento ágil, Ana se sienta sobre sus talones y le mira, ya sin rastro de tristeza; sólo hay determinación en su mirada - Llevo mucho, muchísimo tiempo esperando. Es lo único que hago, esperar... espero la pastilla de las 3, la inyección de las 5, las gotas de las 8; espero un
hígado que no llega; espero ver acabar un día para esperar al siguiente que sé que será exactamente igual... espero y espero... pero ahora quiero vivir... 3 días, 4, 8, los que sean, pero vivir.
Iñaki la mira y la escucha hablar. Y siente pena, pena por su vida, pena por ella, o quizás es pena porque la entiende. Demasiado bien que la entiende.
- Antes me dijiste "Dame la vida" - le dice Ana serenamente - y ahora soy yo la que te dice... Dame vida...
Apenas una hora después Ana e Iñaki salen por la puerta del hospital.
Abandonan la seguridad de una vida incierta para ir a vivir la inseguridad de una muerte cierta.
Cruzan la puerta y dejan atrás todo lo que durante largos días les había acompañado. Abandonan los largos pasillos blancos recorridos, las blancas paredes y las ganas de morir.
Como único equipaje llevan kilos y kilos de vida. Los dos se saben un alimento perecedero y ambos han decidido consumirse juntos. Tienen que vivir rápido. A tope, sin volver la mirada.
Deciden alquilar un coche. Un coche viejo que para cualquier otra persona no sería nada. Un viejo coche que para ellos lo es todo.
De noche y de día conducen sin descanso, tararean canciones de juventud y viven durante días a toda velocidad.
Su combustible se consume lentamente al igual que el del viejo coche.
Desgraciadamente para ellos no existen depósitos de vida; sólo ellos pueden ser capaces, a cuentagotas, de llenarse mutuamente.
En una de esas paradas para llenar de vida su viejo coche, Ana se pierde en la tienda de la gasolinera. Mientras Iñaki reposta el motor que les mueve, la chica triste recorre lentamente los pequeños pasillos de la estación de servicio. Estudia detenidamente cada uno de los artículos que allí se venden y con descaro va llenando su bolso de desvergüenza, de cosas inútiles y de caprichos pasajeros.
A los pocos segundos Iñaki busca con sus ojos a Ana, se acerca a ella y sonriendo la besa en la boca.
- Pero ¿qué haces? jajajaja.... ¡Estás loca! ¡Ahora resulta que eres cleptómana!
-Shhhh.... Tú te callas que estás más guapo... Anda... Ven....
Y de la mano la joven lleva a Iñaki hasta el pequeño lavabo de la tienda.
Cierra la puerta y allí se entrega a él.
Entre besos se desnudan. El chico que no quería saltar sube hasta la cintura el vestido de la chica triste mientras ella baja sus pantalones hasta los tobillos de él. Ana se enrosca a Iñaki, unen sus bocas, se llenan de saliva la cara entre besos y más besos. El sucio suelo ensucia las
braguitas blancas de Ana; no es seguramente el mejor de los lugares, pero ese es su lugar y su momento.
Pegan sus cuerpos y cada uno nota su excitación y la del otro. El joven congrega a todas sus maltrechas fuerzas en un mismo punto, su pene se convierte en un ariete dispuesto a derrumbar cualquier puerta. La joven le indica el camino y abriéndose de piernas le invita a jugar. Unen sus sexos.
Se empapan el uno del otro, se bañan en sudor y en ganas de vivir.
La espalda de Ana es castigada con cada embestida de Iñaki, las frágiles paredes del pequeño baño quedan marcadas con el sudor de su espalda. Los dedos de Iñaki buscan la boca de Ana. Allí se mezclan con la lengua de su amada y la suya propia, allí reciben el castigo de los mordiscos ahogados de Ana. Los pezones de la joven, endurecidos insultantemente, son una provocación para la boca de Iñaki. Su lengua inicia un viaje de ida y vuelta. La lengua de Iñaki, convertida en la lengua del Diablo, chupa sin descanso cada uno de los pezones, los muerde y los hace suyos. Entre sus dientes los captura y los abandona para volver a lamerlos y morderlos inmediatamente.
Entre sus labios nota la desesperación de una Ana que reclama su orgasmo, sus pezones transmiten al joven todo el deseo que ella había ido guardando pacientemente entre las blancas paredes del hospital. Allí, entre esas cuatro paredes asfixiantes, la chica abandona cualquier pudor y da rienda suelta a toda la fogosidad propia de su edad. Cierra los ojos y deja por unos instantes a un lado a la chica triste que era, para convertirse en una diosa del deseo. Para convertirse en la diosa de aquel chico que un día ella entendió que quería saltar al vacío.....
Fuera.... Unos golpes aporrean la puerta.
- Salid de ahí!!
Dentro.... Ganas de vivir, pasión, lujuria, desenfreno.
Y entonces ocurre lo increíble.
Fuera..... Los gritos se distorsionan.
Dentro..... Todo se hace pausado... Todo ocurre a cámara lenta.
Ana pega sus ojos a los de Iñaki, la proximidad les ciega, sus lenguas parecen morir al mezclarse tan lentamente. La espalda de Ana, bañada en sudor, se desliza centímetro a centímetro por aquella vetusta pared llena de escritos dispares, llena de chistes graciosos y de chistes sin gracia.
Fuera..... Una actividad frenética.
Dentro.... Una lentitud viciosa.
Fuera..... Golpes a la puerta.
Dentro..... Dos cuerpos en éxtasis. Dos cuerpos entregados, convertidos en un solo cuerpo...... Dos orgasmos al unísono. Dos vidas marchitándose. Ana e Iñaki.... Iñaki y Ana.
En unos segundos la vida recobra su velocidad de crucero. Los jóvenes abren la puerta, y Ana, introduciendo una chocolatina en la boca del dependiente, calla sus gritos.
Cruzan los pasillos rápidamente; Iñaki sale primero, detrás de él sale Ana.
Pero... Ana se detiene, le llama y cuando Iñaki se gira, le mira fijamente y le dice:
-Espera, Iñaki.... Siempre quise hacer esto.
Vuelve sobre sus pasos y entra en la tienda. Se planta justo delante de la cámara de seguridad y sonríe. Sonríe mientras pícaramente se quita un tirante del vestido, lentamente, sin prisas. Y lentamente y sin prisas, muestra uno de sus pechos a la cámara. Clava sus ojos en ella mientras acaricia su pecho. Posa sus labios en sus dedos y lanza un beso al objetivo de la cámara. Un beso extraño, un beso a la vida, un beso rabioso y lleno de ira, un beso a la muerte.
Subidos en el viejo coche los dos jóvenes se dicen mucho sin abrir la boca; sus ojos hablan por si solos, se lo dicen todo, todo, todo.
Pasan los días pero no las ganas de vivir. Se agotan las fuerzas pero no la necesidad de sentir. La vida se les escapa a borbotones... Se mueren minuto a minuto.
Sus fuerzas se agotan sin descanso, durante dos días vagan sin un rumbo fijo. Pasan casi todo el día durmiendo y aprovechan las largas noches para caminar, para contarse sus cosas.....Para despedirse poco a poco.
Esa noche, la número trece desde su huida, deciden pasarla al raso. Un pequeño montículo de tierra desde donde pueden perder sus miedos mirando al cielo, se convierte para ellos en algo mágico. Se convierte en un sueño que ambos deciden compartir. Allí se abrazan, se dan calor y deciden pasar la noche. Una vez más... Juntos.
Sentados sobre una manta, descalzos, respiran el suave aire de la noche.
Ana, colocada entre las piernas de Iñaki y recostada en su pecho, contempla el cielo estrellado; esos miles de puntitos brillantes que siempre le han fascinado tanto, y entre todos ellos la luna... hermosa, redonda, brillante, testigo de su noche... ¿Quién es el que contempla a quién?
- ¿Ves la luna?
- Sí, Ana, mi lunita, sí que te veo.
- No, tontín, jajaja, digo la de allá arriba.
- Bueno, sí, a esa también la veo.
- ¿Sabes que me apetece ahora? Un baño de luna...
- ¿Un baño de luna?
- Sí...
Ana vuelve la cabeza, le da un suave beso en la barbilla, y se da impulso en las rodillas de Iñaki para levantarse. Sin decir nada, Iñaki apoya los brazos sobre sus piernas flexionadas y contempla como ella se prepara para su baño de luna. Dándole la espalda, Ana se quita lentamente la blusa y la deja caer al lado; su espalda, su piel blanca aparecen ante la vista. Con movimientos suaves se desabrocha el pantalón, se lo quita y lo deja caer sobre la blusa. Lentamente se quita las braguitas, la única prenda que aún le cubre el cuerpo; se queda un momento quieta, sin girarse y de repente dice;¡cógelas! y las lanza hacia atrás sin mirar. Entre risas, Iñaki las caza al vuelo, sin quitar ojo a ese cuerpo delgado, blanco, suave; ese cuerpo que se le entrega cada noche, que se amolda a él.
Ana cierra los ojos, echa la cabeza hacia atrás y sube los brazos en cruz... dos lunas cara a cara. Se deja llenar por esa energía, invisible, intangible, pero que ella capta y retiene para sí. Siempre con los ojos cerrados, empieza a girar lentamente para dejar que los rayos de luna lleguen a cada punto de su piel. Iñaki la observa, la mira, sin hablar, sin romper ese momento que vive como mágico... Ana recortada contra la oscuridad del cielo, su cuerpo casi a contraluz por esos rayos de luna que se desvían al topar con ella, que la hacen mágica, especial. Y la nota tan cercana a él y tan lejana; cercana, porque hasta él llega su suave aroma de mujer; lejana, porque se le antoja que ella está en este momento a años luz de él, como esas estrellas que rodean su cuerpo, como esa luna que la alimenta con su luz. Y siente deseos de reunirse con Ana, en su cielo, en su manta de estrellas, en su baño de luna.
Sin hacer apenas ruido, Iñaki se levanta, se desnuda y se acerca hasta Ana.
Y otra vez la contempla, como hace 13 días, iluminada por una luz tenue, la cara cansada, pálida, pero ya sin asomo de aquella tristeza. Y su deseo ahora le lleva hasta sus labios; sin mediar palabra, sin tocarla, Iñaki se coloca delante de ella, y baja la cabeza hasta que los labios se encuentran. Sin abrir los ojos, Ana empieza a responder a su beso, abre la boca, da la bienvenida a esa lengua que le invade y que le invita hacia él... y su lengua acepta la invitación para adentrarse en la boca de Iñaki.
Y lo que siente cada uno de ellos se transmite a través del contacto de sus lenguas, multiplicando su deseo y su amor.
Iñaki acerca su cuerpo buscando el calor del cuerpo de Ana. Abrazados, desnudos, es imposible esconder el deseo que sienten; los pezones duros de
Ana, el calor que emanan los dos cuerpos, los vellos erizados, el ansia con que se entregan a ese beso, el pene erecto de Iñaki, los dedos de Iñaki que
se aferran a esas nalgas pálidas, las manos de Ana que moldean la espalda masculina, labios y lenguas que siguen hablando sin articular palabra.
Iñaki se separa un poco de Ana y le toma la manos...
- Siéntate...
Ana desciende, doblando las rodillas, y se sienta sobre la manta; libera sus manos y lleva los brazos hacia atrás para quedarse medio tumbada, apoyada sobre los antebrazos, y contemplar como su amante nocturno se arrodilla entre sus piernas. Iñaki acaricia con sus dedos las rodillas de Ana y las separa decidida pero suavemente para permitirse un mejor acceso. Acerca su torso al de ella, coloca las manos a cada lado del cuerpo de Ana y arrima tanto su cara que los alientos se entremezclan. Roza suavemente los labios entreabiertos de Ana, pero aumenta la intensidad del beso ante la muda petición de esa boca que no le deja escapar.
Lentamente abandona los labios de Ana para marcar con su aliento el camino hacia su cuello. Caricias húmedas de los labios que van dejando rastro, hasta llegar a sus pechos, que son cubiertos por un torbellino de besos y lamidas. Labios, lengua y dientes juguetean con los pezones, los atrapan, los liberan, los chupan, los arañan suavemente para después calmarlos con tiernas lamidas; desaparecen por completo dentro de la boca de Iñaki, endureciéndose hasta el límite.
Después de la larga e intensa parada sobre los pechos de Ana, la boca de Iñaki continúa el camino hacia el ombligo. Desciende, dejando nuevamente su rastro húmedo, y la respiración cada vez más entrecortada de Ana le indica que su meta se encuentra muy cerca ya. Iñaki se endereza, sus manos se colocan bajo el culo de Ana para elevarlo hacia él y mientras su boca desciende, mira a la cara de la chica triste. Labios entreabiertos, respiración agitada y ojos llenos de vida. Sin apartar los ojos el uno del otro, Iñaki acerca su nariz al pubis de Ana y absorbe el aroma del deseo que de él emana. Ana cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás; y cuando la lengua de Iñaki la recorre por fin, en una larga y lenta lamida, levanta las caderas hacia él mientras un gemido escapa libremente de su garganta.
Iñaki sorbe los jugos de Ana, mientras su lengua reconoce cada rincón y
cada pliegue, recorre cada milímetro, encuentra la entrada de su placer y se sacia del deseo descontrolado de Ana que brota de ella sin parar. La cadera de Ana se mueve al compás de la lengua, al compás de sus latidos, al compás de sus gemidos. Iñaki busca con los labios el botón endurecido de Ana y lo toma entre ellos, mimándolo, acariciándolo, absorbiéndolo, provocando oleadas de placer que llegan hasta cada uno de sus poros. Se sabe próxima al orgasmo, pero quiere esperar, disfrutarlo con él; así que yergue el cuerpo, toma entre sus manos la cabeza de Iñaki, y acerca su cara hasta que los labios de los dos vuelven a encontrarse para compartir ese deseo que sólo él sabe provocarle.
Ana recoge las piernas y las lleva hacia atrás, quedando también ella de rodillas ante Iñaki. Sus ojos recorren su pecho, su barriga, y se posan finalmente en el pene erecto de Iñaki, desbordante de deseo. Casi con timidez, alarga la mano y recorre con las yemas de los dedos aquello que sus ojos acaban de contemplar, desde la base hasta la punta, notando bajo sus dedos la dureza y la suavidad que sólo el deseo sabe combinar a la perfección. Iñaki aguanta la respiración, mientras ve como Ana acerca la boca a su pene y como desaparece en su interior. Un suave roce de los dientes de Ana, un rítmico golpeteo de la lengua, una presión de los labios...
- Para, para... ven aquí...
Iñaki coge a Ana por debajo de las rodillas, y tira de ella hacia él, subiéndola sobre sus piernas. Las rodillas de Ana, a los lados de las caderas de Iñaki, y las manos, apoyadas sobre los hombros, le sirven como puntos de apoyo para alzar el cuerpo. Así, Ana se encuentra dispuesta para que el miembro latente de Iñaki encuentre la entrada vibrante de su ser. Y entonces deja que su cuerpo resbale suavemente, bajando hasta que sus sexos quedan unidos completamente. Bocas que se unen de nuevo, mientras las manos de Iñaki se posan sobre la cintura de Ana para iniciar el movimiento que les llevará al placer. Ana aprieta las rodillas, para hacer más intensa la unión de los cuerpos y se mueve lentamente al principio, para ir aumentando el ritmo sobre el cuerpo de Iñaki.
Cada una de las partes de su cuerpo se convierte en un foco de placer; los pezones de Ana al frotar con el pecho de Iñaki, el encuentro de sus sexos para volverse a separar. Para hacer más intenso el movimiento, Ana echa el cuerpo hacia atrás, permitiendo a Iñaki contemplar su pálida desnudez. Los movimientos de sus caderas se vuelven más rápidos, más profundos, y los dos vuelven a sentir las oleadas de placer que nacen allá donde sus cuerpos se unen y se expanden hasta más allá de los límites de sus cuerpos. Y cuando Iñaki, con la última embestida de su cuerpo, libera toda su calidez dentro del cuerpo femenino, Ana arquea desgarradamente la espalda, dejando que un grito apenas ahogado salga de su garganta.
Y mientras los últimos latidos del placer siguen recorriendo los cuerpos sudorosos, Ana e Iñaki se abrazan, fundiendo sus cuerpos, haciendo de ellos, uno.
Y dormidos por fin, la luna les contempla, igual que hará mañana...¿Mañana?... Ana e Iñaki no tienen mañana... Sólo tienen el ayer de su soledad y el hoy de su compañía. Mañana tan sólo será el primer día del resto de sus vidas....

MORGANA_LE_FEY

Hoy he estado hablando con un ser muy especial y sorpresivo, que hace dias que me ha llamado la atención y por fortuna he tenido el privilegio de compartir una hora de charla con ella, y sin duda me afianzo en lo que pensaba sin temor a equivocarme, es un se especial, y ella misma se define como una gatam eso me hizo mucha gracia cuando la oi decirlo, y hoy le quise dedicar algo muy especial que ahora dejare aqui plasmado para ella y todo aquel que lo quiera leer, espero que se sienta tan agusto leyendolo aqui como yo me he sentido al dedicarselo a ella y que vea que tambien se ponerme en el otro lugar, es mas sabes que me gusta hacerlo... mil besines mi niña, y gracias por este bonito privilegio que ha sido encontrarte en este camino, a veces tan lleno de incomprension, obstaculos y dificultades, gracias de verdad, cielo.



Es increíble el poder que encierran las cosas pequeñas.
Nadie sabe lo que puede provocar un solo rayo de luna…
Una luna enorme se divisaba por encima de los techos. La luz caía sobre las cosas como perla molida, como harina de ópalo, dejando la equívoca reverberación de un pez fugitivo. Escondida en el callejón, Miu Miu alzó la vista a la luna con aquellos ojos que brillaban como topacios vivos entre el pelaje negro. Había llegado otra noche, una nueva oportunidad.
Las suaves almohadillas de sus patas se apoyaron silenciosas sobre el tejado. La fiebre la atormentaba y se agitaba en su sangre sin que pudiera evitarlo. Saltó ágilmente de alero en alero y bajó hasta el callejón. Todo estaba en silencio y la oscuridad era completa. Miu Miu se refugió en el rincón más solitario y aguardó. La suave piel se le erizó en un temblor repentino. La sensación se impuso. No había nada que pudiese evitarlo. Aquello era una maldición.
Sintió que se quemaba interminablemente y que un resplandor súbito cegaba sus ojos. Después todo se oscureció y quedó exánime. Cuando se recobró, al rato, se levantó con dificultad. Unos pies femeninos —blancos, suaves, desnudos— se estremecieron al tocar las piedras resbalosas. Echó a andar con paso vacilante. La luz de la luna daba a la calle un brillo insólito. Bajo esa claridad sus pupilas dilatadas se orientaron por el laberinto de calles.
Cerca de un garito se cruzó con él. Su olfato lo reconoció antes que los ojos amarillos. Sus rasgos podían ser distintos a través de los siglos, pero no su aroma. No hubo palabras. En cuanto la vio, se aproximó. La aguardaba.
Caminaron hacia el final de la calle y se metieron bajo el portal de una casa abandonada. Ella se arrodilló y la introdujo entre los labios. Él sintió la áspera caricia de su lengua de gata sobre la sensible piel turgente. Un quejido profundo escapó de su pecho, como un ronroneo sordo. Ella lamió y chupó con deleite las primeras gotas de aquella miel espesa y salada que escapaba por la punta. La respiración se fue agitando a medida que la labor en la entrepierna se intensificaba.
De pronto él supo que no podría contenerse por más tiempo. Entonces la detuvo. Ella se puso de pie y lo dejó que apreciara una vista completa de su cuerpo desnudo. Se estremeció ante la perfección de aquella figura exquisita: Las tetas abundantes y pesadas, en contraste con la brevedad del talle y la frágil cintura de junco, las caderas rotundas que daban paso a la suavidad lacia de los muslos, el triángulo de vello púbico que destacaba, oscuro, contra la claridad del vientre...
La asió por la cintura y la acercó a su cuerpo con brusquedad. Ella se dejó lamer, hurgar, estrechar y magrear, correspondiendo a las caricias con gemidos ásperos de fiera herida. Luego, él la hizo volverse de espaldas e inclinarse. Obedeció y se puso en cuatro patas, con la grupa hacia él, abierta y dispuesta. Cerró los ojos. Sintió cómo la verga se abría paso por su intimidad hasta dejarla repleta de aquella carne extraña, ajena. A través de su cuerpo advirtió los jadeos y la turbación que lo embargaban. Durante unos instantes él permaneció inmóvil, sopesando la presión de aquella vagina distendida al máximo para poder albergar su garrote.
Le dio una nalgada y aquella bestia azuzada partió a galope tendido en una carrera indómita. Inició un mete saca de ritmo febril y él no hizo sino seguirla por los rumbos adonde quiso conducirlo. Le soltó la rienda y dejó que fuese ella quien marcara el paso. Únicamente se aferró con manos poderosas a las caderas.
Los dos se abandonaron a aquel placer tormentoso, pero era ella quien sobaba una y otra vez su coño a lo largo de la verga enhiesta y húmeda. Era ella la que se empalaba a fondo con una agitación febril. Era ella la que jadeaba y gemía como la bestia en celo en que estaba convertida.
Aquella cabalgata de medianoche fue subiendo de intensidad hasta que él comenzó a derramarse en su interior a borbotones, llenándola hasta los bordes con su vino espeso y viscoso. Tembló al sentir el orgasmo masculino y se tensó como tocada por un cable eléctrico. La espina se arqueó, lo mismo que las plantas de los pies, y gritó con un rugido de leona, sacudida como una hoja al viento. Se abandonó a las sensaciones, completamente entregada, y jadeó y gimió presa de la más exquisita tortura.
Fue mucho después, cuando por fin se recobró de aquel arrebato. Abrió los ojos y notó que estaba sola. Se levantó con alguna dificultad y se alejó del sitio.
No supo durante cuánto tiempo anduvo errante por las calles solitarias. Un viento helado agitaba las ramas y ponía a temblar al agua retenida entre las piedras. Su olfato encontró sin dificultad el camino de regreso a casa. Volvió sobre sus pasos hasta el callejón oscuro donde había recobrado su piel original, la misma que vistiera muchos siglos atrás, antes de ser víctima de aquel hechizo que la convertía en una pequeña bestezuela furtiva. Se agazapó entre las sombras y aguardó. No tardaría la luna en devolverle la forma tras la que se había ocultado durante tanto tiempo.
Oculta por la nube, la reina de la noche se resistía a mostrar su rostro, hasta que se disipó la barrera y el astro hirió con un rayo su frente. Pero en lugar de regresarla a la forma felina, la luna dibujó la belleza prístina de la piel de alabastro, lisa y desnuda, y la acarició como un guante al deslizarse por la mano que alberga. Una voz sonó en su interior: "Eres libre", dijo.
Miau Miau comprendió entonces que su largo exilio había terminado y que estaba destinada a volver a la tierra en forma de mujer. La luna conocía su verdadero nombre: Morgana_le_fey. En los ojos de topacio brilló un breve relámpago. Nueva vida se agitaba en su interior. Con una última mirada de agradecimiento, sonrió.
Sus pies desnudos se estremecieron al tocar el pavimento húmedo. Sin decir palabra, echó a andar.

martes, 3 de julio de 2007

EL PODER DEL AMOR....





El poder del Pensamiento

Qué es una relación D/s si el pensamiento, fantasía e imaginación no están presentes? Creo que es parte básica de la relación, es dónde se crea en principio lo que sucederá después, es el primer paso para lo que vendrá luego, en todo sentido. Pensar en tu pareja ideal ayuda a reconocerlo cuando entra en tu vida, podríamos referirnos a ese clic, empatía, reconocimiento que hay cuando conoces al Amo que comparte tus deseos y “aficiones”. También dice que si deseas amor, lo cual traduzco en la entrega como sumisa, es necesario tener en cuenta los deseos y necesidades de tu Amo (pareja)… en esto, siempre he pensado que el conocimiento mutuo es básico para una mayor y mejor entrega.


El poder del Respeto

Nos habla de no poder amar a nadie, sin respetarla primero… en estos años en que he ido descubriendo este mundo, he visto la importancia del respeto mutuo. Un Amo seduce, atrapa, lleva a la sumisa donde quiere, cuando demuestra ese respeto hacia ella, a sus límites, deseos y temores y la sumisa se gana el respeto del Amo, con su sinceridad, entrega y obediencia. También debemos respeto a nosotros mismos, y cuantas veces nos olvidamos de hacerlo. Lo digo desde mi rol como Dominante, si no me cuido y respeto, muchas veces se puede llegar a permitir cosas que van en contra de nosotros mismos y dañarnos, tanto física como mental y sentimentalmente.


El poder de la Entrega

INDISPENSABLE y la base, a mi modo de ver, de una relación D/s. Si deseas recibir amor, todo lo que tienes que hacer es darlo, cuanto más das, más recibes. Entregarte sin condiciones y voluntariamente. Si! Que hermoso es entregarte cuando realmente lo deseas. Entregarte pensando en lo que puedes Dar y aportar a la otra persona, no sólo en lo que esta persona te dará o aportará a ti. Y para terminar esta parte, decir que siempre he pensado que en la relación D/s, la entrega siempre es mutua y que cuanto más Da el Amo, más Da la sumisa y viceversa.


El poder de la Amistad

Esta parte es tan cierta, cuando entablas antes que una relación D/s, una amistad, las cosas fluyen mucho más fáciles y hay una mayor apertura del uno al otro, que permitirá luego el profundizar en la relación D/s.


El poder del Contacto Físico

El contacto físico destruye barreras y crea vínculos más fuertes entre las personas. Altera nuestro estado físico y emocional, nos hace más receptivos. En este punto quiero destacar lo que aporta a una sesión, una palabra, una mirada, una caricia, la respiración del Amo, todo te hace sentir más intensidad y más cercanía al Amo y el Amo por supuesto siente más intensidad y más cerca de su sumisa. Además las diferentes reacciones de cada uno, ayudan a conocer, delimitar y saber hasta donde llegar. Conocimiento mutuo.


El poder del Desprendimiento

“amor significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, ego y condicionamiento”, no es acaso esto Entrega? A mi modo de ver, lo es. Y es no ser egoísta y poner todo a disposición del Amo, sabiendo que El hará siempre lo mejor para ti. Algo que no es fácil de lograr, pero que poco a poco se va dando. Una frase que me ha gustado y podríamos decirnos a diario hasta lograrlo, la comparto con vosotros: “Hoy dejo atrás mis miedos, el pasado ya no tiene poder sobre mi, hoy es el comienzo de una nueva vida”. Cada día de entrega es un renacer.


El poder de la Comunicación

Hay que aprender a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, esto hará que muchas cosas cambien en nuestras relaciones. La comunicación nos lleva al conocimiento mutuo, el cual menciono antes como parte básica de la relación D/s. Dentro de la comunicación, hay que perder el temor a decir las cosas que pensamos y sentimos; como sumisa muchas veces puedes ser castigada por decir algo en determinado momento, pero ha sido básico para que el Amo te conozca y sepa cosas importantes para la relación. Aprende a decir lo malo y lo bueno, no tengas miedo a decirlo, es parte del respeto mutuo y del auto y mutuo conocimiento. Tampoco hay que perder la oportunidad de halagar, tanto la sumisa al Amo como El a su sumisa, es un punto importante que nos deja saber cómo lo estamos haciendo, si vamos bien o mal encaminados dentro de la relación.


El poder del Compromiso

Este punto me gusta mucho, al paso de los años , en esto de la D/s he visto que las personas asumen roles dentro de la relación, sin pensar en que con él, asumen o deben asumir un compromiso. De no comprometerse las dos personas, la relación no funcionará. Más aún si se vive de forma cyber, ya que muchos piensan que por estar tras la pantalla no hay que sentir compromiso alguno. Si hay deseo de entrega, se debe establecer el compromiso de y para lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos. El compromiso distingue una relación frágil a una sólida.


El poder de la Pasión

“La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo”. Yo diría que es parte de una relación D/s, en donde se mezclan tantas sensaciones y sentimientos. La pasión te lleva a elevar todo al máximo, a sobrepasar límites, a entregarse cada vez más. La pasión duradera procede no sólo de la atracción física, se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés y fascinación por la otra persona, lo espontáneo y las sorpresas, crean pasión.


El poder de la Confianza

Otro punto básico e indispensable en una relación D/s. Sin confianza no hay entrega. Una relación entre Amo y sumisa basada en temores no será válida ni gratificante, ya que no habrá voluntad de entrega. La relación D/s basada en la confianza y el respeto mutuo, podrá llegar siempre más allá. Te entregas al Amo con quien sientas la confianza plena de que te realizará como sumisa, mujer, persona… lo harás sin temores. Si no confías, no te entregues.

LA REGLAS NO ESCRITAS...





Dentro de la labor de divulgación del D/S, empezaremos a tratar el tema de las reglas del D/S y, sobre todo, de las reglas no escritas en ningún sitio, pero que todos los aficionados al D/S conocen o debieran conocer.

El D/S es un juego. Al igual que el ajedrez o el parchís tienen unas reglas, el D/S también tiene sus reglas. Si no respetamos las reglas del ajedrez, estaremos jugando a cualquier juego menos al ajedrez. Lo mismo ocurre en el D/S. Si no se respetan las reglas del D/S, estamos jugando a cualquier cosa menos al verdadero D/S.

¿Por qué la sociedad considera el D/S como una perversión? Son muchas las causas pero la principal de ellas es que no conocen las reglas del D/S y creen que el D/S es otra cosa muy distinta a la que realmente es. La gente al oír hablar de D/S piensa en atroces torturas, violaciones de mujeres, latigazos hasta dejar marcas y profundas cicatrices y dolor llevado hasta la muerte.

Lo triste del caso es que las reglas del D/S no están escritas en ningún sitio. Los aficionados al D/S vamos aprendiéndolas una a una a medida que nos adentramos en el D/S. La sociedad no puede aprenderlas en ningún sitio porque no están escritas en ningún sitio.

Por dicho motivo, hemos empezado este artículo sobre las reglas que se practican en el D/S. Por un lado, si alguien no introducido en la filosofía D/S lee estos párrafos, descubrirá que el D/S es menos malo de lo que parece ser y que tiene muchísimo menos de perversión de lo que pensaba en un principio.

Por otro lado, enumeraremos las reglas del D/S para que los que se inician en el D/S no tengan que tomarse el trabajo de ir descubriendo estas reglas y, también, ¿por qué no?, para recordárselas a todos aquellos que las hayan olvidado y se hayan alejado del verdadero D/S. Muchas veces, por desconocimiento u olvido de dichas reglas se cae en el "otro lado"; y el otro lado no es otra cosa que la perversión, el mal camino y la desdicha.


El D/S es un juego consensual

Efectivamente se trata de un juego. Un juego donde dos personas participan voluntariamente. Una de las personas juega a dominar y la otra juega a ser dominada. Ambas personas, además de hacerlo voluntariamente lo hacen de mutuo acuerdo y de forma consensuada (bajo consenso). Dichas personas no harán nada que la otra parte no quiera hacer. Para ello, se recurre a establecer unos límites; límites que bajo ningún concepto pueden ser sobrepasados.


El D/S se fundamenta en unos límites

Al igual que en otros juegos se pone un límite de tiempo, o una condición que no puede ser sobrepasada, en el D/S también existen límites. Los límites son unas reglas suplementarias que cada persona exige al juego, condición básica para jugar a ese juego. Los límites sirven para saber hasta donde se puede llegar en el juego.

Ejemplos de límites son los siguientes: "No podrá haber penetración", "No podrás dejarme marcas visibles que tarden más de una hora en desaparecer", "No podrás atarme", "Podrás azotarme pero sólo con la mano desnuda", "Sólo podrás humillarme psíquicamente".

Como resulta lógico, no existen límites establecidos. Lo que a una persona puede no gustarle a otra puede encantarle. Cada uno fija sus límites al principio del juego y quizás esos límites no se parezcan absolutamente en nada a los límites que fija otra pareja que también practica el D/S.

Los únicos límites que todos respetan son no causar ningún daño físico permanente, no dejar cicatrices permanentes no aceptadas y no olvidar el respeto a la otra persona.


El D/S es un juego bajo un absoluto respeto

El respeto hacia la otra persona es fundamental. Si se la respeta como ser humano se la garantiza que no vamos a hacer nada en contra de sus derechos humanos. Podemos simular o aparentar que tratamos a alguien como esclavo si en el fondo lo respetamos ya que no le tratamos verdaderamente como un esclavo, sino que jugamos a que lo hacemos.

Dentro del juego D/S, ese respeto de los derechos humanos asegura a la parte dominada que se está jugando un juego. En cuanto el esclavo dice basta, el amo se detiene ya que el esclavo no desea seguir jugando. Si no existiera ese respeto, el amo no dejaría de tratar al esclavo como esclavo y entonces lo estaría obligando a una esclavitud no deseada y se estaría en contra del derecho a la libertad. Por otro lado, debemos respetar las ideas, los límites y las formas de pensar de la otra parte. Ese respeto debe ser mutuo.


El esclavo es libre en todo momento

Puede parecer un contrasentido que el esclavo sea libre en todo momento cuando las apariencias señalan todo lo contrario. Un esclavo parece ser maltratado, vejado y humillado en contra de su voluntad. No es cierto. Si es un esclavo es maltratado, vejado y humillado es porque desea ser maltratado, desea ser vejado y desea sentirse humillado.

Recordemos que el esclavo juega a ser esclavo. El esclavo es quien forja sus propias cadenas. El Amo sólo se limita a aplicarle esas cadenas que el propio esclavo se ha forjado. Dentro de una sesión D/S, el esclavo, por muy esclavizado que esté en apariencia, está totalmente libre.

Tiene libertad porque nadie le ha forzado a hacer nada. Ha sido él mismo quien ha elegido que le hagan eso y el amo se limita a hacérselo, pero siempre dejando libertad al esclavo para marcar el final del juego.


El D/S es similar a una representación teatral

El D/S tiene muchísimo en común con el teatro. En el teatro una persona puede fingir ser Romeo y otra puede fingir que es Julieta. En el D/S una persona finge que es el Amo y otra persona finge que es esclava, actuando como tales hasta que acaba la representación o acaba el juego.

Muchas veces las cosas no son lo que aparentan, como ocurre en el Teatro. En el teatro se juega con la fantasía de los espectadores y en el D/S se juega con la fantasía de los participantes. Todos sabemos que un actor no puede ser el verdadero "Don Juan Tenorio". En el D/S un Amo no es un verdadero Amo ni un esclavo es un verdadero esclavo.

Lo que ocurre es que, como en toda representación teatral, se vive y se simula una historia hasta que se acaba dicha historia. En el D/S se simula que un esclavo es maltratado por su amo y ambos se meten en su papel hasta que acaba la historia.

Una fantasía muy habitual dentro del D/S es el que violen a una esclava. Según esa representación, la esclava es violada con rudeza por uno o varios hombres desaprensivos que hacen con ella lo que quieren y la someten a horribles vejaciones corporales y psíquicas. ¿Existe tal violación?. No, jamás. Lo que ocurre es que la mujer ha accedido a aparentar ser violada y los hombres simulan que la están violando, pero saben en todo momento que ella da su consentimiento a esa violación. Ellos tampoco la violan ya que no puede violarse a una mujer que desea ser violada. Sólo se trata de una representación de "violada y violadores".

Otra fantasía muy frecuente suele ser la de la niña desobediente que merece un castigo. El señor representa que su hijita se ha portado mal y le baja las braguitas, la pone sobre sus rodillas y la azota el trasero. Ella representa que ha sido mala y que teme el castigo y que trata de resistirse. Como todos pueden comprender, el señor suele ser el marido de la "hijita" y la "hijita" puede tener cincuenta años. ¿Dónde está el papá y donde está la hijita rebelde?. Sólo en la imaginación de ese señor y su esposa. Él representa ser un padre que castiga a su hija y ella representa ser la niña rebelde que merece un castigo.


El D/S no es lo que parece

Quizá lo más chocante del caso sea que en el D/S nada es lo que parece. La mujer violada no está siendo violada, el esclavo no pertenece a nadie, el dolor no es verdadero dolor sino placer y la gente simula unos sentimientos que no tiene. Esto se debe a que como hemos dicho antes el D/S tiene mucho de fantasía y de representación teatral.

Un observador que no conozca el D/S sacará conclusiones erróneas de lo que vea ya que no reconoce ni distingue la fantasía de la realidad. Podemos creer que una pobrecita mujer está siendo azotada cruelmente cuando la verdad es que esa mujer está disfrutando muchísimo y que no siente dolor sino placer y puro placer.

El amo puede parecer un ser vil y despreciable que azota a un ser humano y, cuando acaba el juego, quizá sea uno de esos que son incapaces de matar una mosca. La esclava puede aparentar que está sufriendo muchísimo cuando en realidad lo que desea realmente es que el amo no pare el castigo. Así es el D/S: en la mayoría de los casos, las cosas no son lo que parecen.


El esclavo nunca está en peligro

Puede parecer que el esclavo puede correr mil y un peligros, pero si el Amo sabe lo que se hace, el esclavo no corre mayor peligro que el que pueda correr jugando una partida de tute. Esto se debe a que el Amo posee la suficiente experiencia como para saber que golpes puede dar y no dar, con cuanta dureza y los lugares más adecuados.

El esclavo está en peligro solamente cuando está en manos de un Amo inexperto que no conoce suficientemente las técnicas D/S. Y quien no conozca las técnicas no debiera meterse a practicar D/S pues está incumpliendo el derecho a la integridad física del esclavo y no está respetándole.

El amo que sabe lo que hace, puede causar dolor sin dejar ninguna señal, puede azotar sin dejar ninguna cicatriz y su esclavo acaba la sesión en el mismo estado físico que la comenzó.


En el D/S hay que ir con pies de plomo

Un niño, antes de correr, debe aprender a andar. En el D/S ocurre lo mismo. Antes de meterse en el D/S duro hay que conocer el D/S light o suave. Cada cosa, debe realizarse solamente cuando se haya leído mucho sobre un tema y se sepan y conozcan todos los peligros que pueden encontrarse en ese tema.

El que no lo hace así es un inconsciente que no sabe dónde se mete. Ese inconsciente no siente respeto por su esclavo pues le expone a peligros innecesarios. Por ello, nuestro consejo a los que se aventuran por primera vez en este mundillo es que se anden con pies de plomo y vayan lo más despacio que puedan.

Una vez que tengamos seguridad podemos ir un poquito más lejos, pero sólo un poquito y así sucesivamente. Es como escalar una montaña. Nadie puede subirla de un tirón, es necesario descansar, buscar los mejores caminos e ir subiéndola poco a poco. Los que practicamos el D/S vamos escalando poco a poco en nuestros conocimientos. Vamos poniendo en práctica las técnicas que otros aficionados nos van explicando y pedimos ayuda cuando no sabemos como hacer algo o los peligros que debemos evitar.

En el D/S hay que estudiar muchísimo. Y no es fácil estudiarlo pues no existe ningún libro de texto que lo explique todo. Tenemos que buscar en cien mil revistas, leer mil libros y charlar con un montón de aficionados para empezar a saber de un tema lo suficiente como para empezar a considerarnos "expertos".

Uno se siente, a lo largo de su andadura, un poco como un arqueólogo que va haciendo descubrimientos después de horas y horas de duro trabajo.


El D/S no siempre es doloroso

En contra de lo que la gente opina, el D/S no tiene porqué implicar juegos dolorosos. Existen dos tipos de D/S, el "D/S doloroso" y el "D/S no doloroso". De hecho, cuando la gente se inicia en el D/S, suele practicar en su inmensa mayoría juegos no dolorosos, haciendo incursiones de vez en cuando en el D/S doloroso.

Muchas de las prácticas D/S no son dolorosas o, caso de ser dolorosas, son poco dolorosas como por ejemplo, los juegos de humillación, vejaciones, exhibicionismo forzado, juegos de ataduras, etc. Por otro lado, existen escalas.

Un azote puede ser casi una caricia o muy doloroso. La mayoría de los aficionados al D/S suelen practicar el D/S a escalas de poco dolor y sin llegar nunca a dolores insufribles.


No somos bichos raros

La mayoría de los aficionados al D/S suelen pensar que ellos son los únicos aficionados a este tipo de prácticas, que están un poco mal de la cabeza y que son bichos raros. El que piense eso, ya puede irse quitando esa idea de la cabeza porque somos muchos, muchísimos, los aficionados al D/S.

Parecemos muy pocos porque son poquísimos los que se atreven a expresar su afición en público, pero lo cierto es que somos muchísimos. Prueba de ello es que en todos los países se sacan revistas de D/S, en todos los países se editan libros relacionados con el D/S y todo el mundo conoce lo que son las prácticas D/S (aunque no tengan una idea muy clara de la realidad).

Si no hubiera aficionados, resulta lógico pensar que no se sacarían revistas ni libros, ni tampoco la gente conocería la existencia de los juegos D/S. Lo mismo ocurre con las películas de cine, con escenas más o menos veladas de D/S, etc. Es chocante que muchas parejas practican a veces juegos D/S sin tener una idea muy clara de ello.

Son millones las parejas que alguna vez han jugado a atarse, a esposarse, a darse azotitos en el culo o pellizcos, etc. Cuando se estrenó la película "Instinto Básico", fueron muchísimas las mujeres que probaron cosas como salir a la calle sin bragas bajo el vestido o atar a sus maridos a los barrotes de la cama. La inmensa mayoría de esas parejas practicaron juegos D/S sin saberlo precisamente por esa creencia errónea de que el D/S tiene que ser forzosamente doloroso.

Por ello conviene ir quitándose de la cabeza esa idea de que somos "bichos raros". A nuestro alrededor existen cientos, miles y quizá millones de aficionados al D/S en mayor o menor medida. Cualquier cosa que se nos pase por la cabeza seguramente ha sido pensada antes por otra persona y la ha puesto en práctica en sus juegos amatorios.

Un "bicho raro", es raro desde el momento que es único. Cuando no es único, deja automáticamente de ser raro. Y en el D/S no somos los únicos, pues existen aficionados en todos los países del planeta.


El D/S verdadero no es perversión

Prestigiosos psicólogos y psiquiatras de todos los países del mundo han coincidido en que el D/S no tiene porqué ser una perversión. La inmensa mayoría lo considera un juego sexual o alternativa sexual tan válida como cualquier otra. La perversión aparece únicamente cuando deja de ser un juego consensuado y se obliga o fuerza a alguien a hacer algo en contra de su voluntad. Si la gente se presta voluntariamente a ello el D/S no es perversión.

Los pervertidos son los que practican un D/S falso y obligan a personas a hacer cosas que no quieren hacer. El D/S verdadero es justo lo contrario ya que nadie obliga a hacer nada en contra de la voluntad de la otra persona. Tampoco hay perversión cuando el D/S no se convierte en una obsesión. La inmensa mayoría de la gente solo dedica ratos sueltos a la práctica de juegos D/S, sabiendo que son juegos que duran un rato y luego hay que volver a la vida real, al trabajo, a la familia, etc.

Un pervertido sería una persona que viviera de continuo obsesionado con el D/S, practicándolo a todas horas del día y buscando a cada segundo gente con la que practicarlo. Mientras no nos llegue a obsesionar hasta ese punto, no podemos considerarnos pervertidos, pues somos conscientes de que solamente se trata de un juego que sólo dura el tiempo que dura el juego.

Hasta aquí, he ido enumerando algunas de las reglas del juego D/S. Quedan muchas más reglas y muchas más cosas que decir. Me agradaría que la gente participara y fueran a su vez enumerando las reglas que él considera básicas del D/S. Si todos participamos no nos dejaremos nada en el tintero y será más fácil no olvidar nada.

Agradezco igualmente todo tipo de opiniones y contra opiniones que me ayuden a puntualizar y aclarar las dudas o lagunas que hayan podido quedar en esta primera parte. Enviad vuestros comentarios y entre todos llegaremos a la verdad de lo que es el "verdadero D/S" y de paso quizá concienciemos a la sociedad que nos rodea que el D/S no es ninguna cosa mala.