
¿Quién eres? – dijo la mujer.
– Soy un hombre – contestó el hombre.
– Ven conmigo – le propuso la mujer. – ¡Estoy tan triste!...
– No puedo ir contigo –dijo el hombre–. No estás domesticada.
– ¡Ah, perdón! – dijo la mujer. Pero después de reflexionar agregó: – ¿Qué significa domesticar?.
– No eres de aquí – dijo el hombre a la mujer. – ¿Qué buscas?...
– Te busco a ti – dijo la mujer. – ¿Qué significa domesticar?.
– Es una cosa demasiado olvidada – dijo el hombre. – Siignifica “crear lazos”.
– ¿Crear lazos?.
– Sí – dijo el hombre. – Para mí no eres más que una mujer semejante a cien mil mujeres. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un hombre semejante a cien mil hombres. Pero, si te domestico, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí única en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
(Inspirado en un pasaje de "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry)
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