martes, 11 de diciembre de 2007

MANOS...


Manos que recorren tu cuerpo, inventando caricias, recreando placeres. Manos alfareras que moldean, milímetro a milímetro, tu piel, dibujando contornos, buceando rincones, descubriendo secretos espacios y ocultos lugares. Manos desplomadas sobre la tierra caliente de tu universo de mujer, elevadas al inmenso firmamento de tu ternura, sumergidas en las profundidades de tu océano, fundidas en el crisol transparente de tus manos.




Manos desterradas y acogidas en cada curva y en cada pliegue del infinito de tu cuerpo desnudo, modelando los sueños apenas trazados con las yemas de los dedos, como una estela de ilusiones, como la huella invisible del tiempo detenido en cada poro, en cada luna, en cada constelación de tu cielo. Manos para agarrarte, para apretarte, para recorrerte, para sentirte, para acercarte, para atarte, para soltarte...

Manos para crearte, palmo a palmo, trozo a trozo, centímetro a centímetro, mujer nacida entre mis manos. Mis manos descarnadas que te encarnan, dia a dia, vida a vida, desvividas por morir –como las olas– sobre la arena suave de tu orilla. Inventando caricias, recreando placeres... Recorriéndote, Rosa, de parte a parte, para dejarte prendida en cada línea, en cada huella, en cada palma, en cada surco de mis manos prisioneras en la cárcel sin salida de tu cuerpo...

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