martes, 11 de diciembre de 2007

NADIE...




Nadie como tú sembró diciembres en mi alma. Ni esperó a mi vera a que llegara la madrugada. Nadie como tú me roció de ilusiones la mirada y puso en fuga a las sombras, que mis perímetros circundaban.

Nadie como tú entretejió de rimas mis palabras. Ni compuso mejor sinfonía para que mi deseo con tus caricias bailara. Nadie como tú hiló tan generosamente de pétalos una guirnalda, que invistió mis sienes y me proclamó, de la felicidad, el propietario.

Por eso, de par en par, desnudo, cándido, a ti entregué mis armas, forjadora de sueños, centinela de mi agua. Por eso y porque de no haberte conocido, este ingenuo corazón, nunca habría aprendido a querer como hoy te ya te quiere, mi niña, Rosa.

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