lunes, 10 de diciembre de 2007

QUIERO ENTRAR EN TU ALMA...




Me gustaría entregarte mis manos, pero aun no he podido, pero si... Te concedo, sin embargo, el premio de mis labios sobre tu cuerpo... La caricia de los besos... El cielo de mis caricias de besos manuscritos...

Quiero que mis labios sean los descubridores de los secretos de tu piel, aventureros de los rincones ocultos, incluso para ti...

Te poseo, por vez primera, con mis labios enredados en tu pelo,... Mis labios que apenas rozan el lóbulo de tu oreja derecha para descender por tu cuello, recorriendo el camino que les lleva hasta el de la izquierda... Allí, se deslizan suavemente por el contorno de tu oreja, para acabar haciéndose susurro de deseo en tu oído... Susurro de cariño y de respeto...

Mis labios que besan tu contorno de mujer, detenidos en tu hombro derecho, río abajo de tu brazo, buscando los vericuetos de los dedos de tus manos, río arriba hasta tu axila recién descubierta... Siluetean el contorno de tu pecho y descienden por el sendero de piel que lleva a tu cintura, a tus caderas y al remanso suave de tu pierna...

Tú permaneces erguida, igual que frente al espejo... Es tu amo quien se reclina, quien se arrodilla ante ti, regalándote una adoración de besos en tu pie, antes de comenzar la ascensión hasta la cumbre de tu pubis, punto de partida de un nuevo descenso por el interior de tu pierna izquierda y de un nuevo ascenso, desde tu pie hasta tu hombro...

Mis labios que recorren el perímetro de tu cuello y avanzan redibujando la estela de tu columna vertebral, invadiendo la tierra firme de tu espalda para tomar posesión de la redonda isla de tus nalgas... De tu cintura circundada por mis besos que llegan al oasis de tu vientre y de tu ombligo, donde mis labios se juntan y aprietan, para ahondar en su profundidad, arrastrados por el reflujo de la marea de tu agitada respiración...

Vientre arriba, la conquista de una constelación de cinco pequeños lunares en el universo de tu cuerpo, justo antes de sitiar, definitivamente, el valle de tus pechos deseados, de tus grandes aureolas rosa-ocres, de tus pezones erguidos entre mis labios... Mis labios que muerden suavemente tus pezones...

Poseída, por vez primera, por mis labios que descienden por tu piel hasta tu sexo, sedientos de tu placer derramado sobre ellos, de tu esencia de mujer entregada a mis besos dominadores... Esclava virgen, desflorada de besos que atrapan la carne suave de tus labios vaginales y apresan tu clítoris escondido, para hacerte cautiva del deseo convulso, del húmedo placer vertido, de la locura del éxtasis consumado...

Mis labios que, por fin, encuentran los tuyos para dejarte en tu boca el intenso sabor de tu propio placer impregnado en la mía...

Las últimas caricias de mis besos, apenas rozarán tus mejillas calientes y la breve extensión de tu nariz... Y en la estrechez de tu frente, un último beso, profundo y ardoroso...

Ya puedes vestirte... Ahora solo deseo contemplar la desnudez de tus ojos y la puerta siempre abierta que conduce a tu alma desnuda...

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