lunes, 18 de junio de 2007

UNA REFLEXION...



No soy de la creencia de que las personas hagamos las cosas sin un sentido, es decir, solo por hacerlas, es por ello que de un tiempo a esta parte estoy reflexionando e intentando averiguar que es lo que me impulsó a adentrarme en el BDSM. Conscientemente no encontraba explicación, pero mi parte inconsciente, probablemente más sabia, me encaminó correctamente. He llegado a la conclusión de que muchos de los que nos vemos inmersos en este mundo encontramos en él un medio para experimentar sensaciones límites, excitantes, que nos hacen pasar a otro plano de percepción, rozando lo prohibido, lo peligroso, lo anormal. Fijaros que las palabras que he elegido, ya de sí denotan cierto cariz negativo, negatividad que en este caso no sería tal, pero que probablemente, por lo que se obtiene de esas experiencias que rozan casi lo “divino”, se usan para calificar algunos medios que otros no se atreven a usar. “Prohibido”: ¿Quién nos prohíbe? Primeramente la sociedad, que en vez de dejarnos hacer, nos critica, a la vez que critica a todo aquel que hace cosas fuera de lo común, no sé si por envidia, doble moral, cobardía de no ser capaz de usar esas vías y sentir la intensidad y el poder de lo difícilmente alcanzable. “Peligroso”: Lo que unos creen peligroso desde fuera, no lo es desde dentro, pero no quieren comprender. Hay quizás más amor en una relación D/s que en una normal. En la primera existe la libertad de la “no-libertad”, es decir, la libertad de negarse la propia libertad, y en la segunda, la posesión egoísta. “Anormal”: ¿Qué entendemos por anormal? Anormal es lo contrario de “normal”, por lo tanto, todo lo que se sale de las reglas. Pero, quíen fija esas reglas? La humanidad. ¿Qué poder tiene la humanidad para fijar reglas? Ninguna, ya que el ser humano es imperfecto y no tiene ninguna autoridad. Así que la mayoría de las reglas son impuestas porque muchos de los que critican lo “anormal” se la saltan, pero de otras formas, que probablemente sí son más peligrosas, dañinas y menos éticas, pero a la vista de la sociedad no son seres pervertidos, que es como se nos califica habitualmente.Mucha gente quiere vivir intensamente, y este es solo un camino. Los deportes de riesgo, ciertos estimulantes, incluso el propio estrés hacen que sintamos más en un segundo que en un mes entero. Quien no se ha estremecido viendo una película de terror y ha sentido esa pequeña dosis de pánico que nos ha proporcionado ese placer extraño...Todo lo bueno cuesta, por eso no es tan fácil obtener ese “éxtasis”, ese placer supremo que sentimos, esa inyección de poder, vida, grandiosidad... Incluso en el mundo religioso se busca ese “misticismo” como le llaman ellos a ese lugar a donde viajamos. Unos por una vía, otros por otra, pero todos convergemos en el mismo punto: esa fruta prohibida, esa chispa de vida, ese sentirse rebosante de energía, poder, vida. Y una vez hemos “viajado” ahí, no podemos vivir sin ello. Ya hemos “mordido la manzana”, ya no nos conformamos con una lechuga, queremos más, sabemos que “eso” existe. ¿Será quizás que en esos momentos viajamos al “Paraíso”? Curioso que Adán y Eva fueran expulsados por probar lo exquisito. ¿Tendrá algo de divino? Nosotros también hemos sido tentados a nuestra manera y hemos sucumbido y queremos seguir mordiendo manzanas de ese árbol.Personalmente concluyo en que no hay nada malo en lo que hacemos, todo lo contrario, nos vuelve más fuertes, nos llena de vida, por lo tanto, sintámonos agradecidos de ser capaces de sentir y vivir como lo hacemos, eso si, respetando, no dañando y amando.

No hay comentarios: