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No hay placer que sea malo en sí mismo.
Lo que es malo son las desagradables consecuencias que puedan resultar si no se usa la cabeza cuando se decide qué placeres perseguir y cuáles evitar.
Epicuro 341-270 a.c.
Te Ofrezco mis labios para que Selles con Tus Besos tu nombre de sumisa. Te Ofrezco mi voz que sólo dirá Tu Nombre a viva voz o en un susurro. Espero tus muñecas y tobillos, para llenarlos de cadenas que te Aten para siempre a Mi. Espero ser merecedor de recibir tu entrega, porque Te Deseo profundamente, porque deseo dominarte por encima de todo, porque vivo por y para Ti.
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